Anatomía del cliente perfecto

O eres cliente o eres proveedor de servicios. Siempre podremos resumir nuestro trabajo de esta forma. Siempre estarás a un lado o al otro de la balanza. Agencia y cliente. Cliente y agencia.

La relación puede ser duradera y feliz o un trabajo en el que encontrar trabas continuamente. El cliente manda y amoldarse a él no siempre es trabajo sencillo. En su mano está el hacer nuestro trabajo más sencillo o apretarnos todo lo posible para conseguir sus resultados, haciendo el camino mucho cuesta arriba.

Y porque el mundo de las agencias es un tobogán donde cada cliente es un mundo, queremos definir cómo sería ese cliente perfecto, ese que toda agencia está deseosa de tener, ese con el que es un placer trabajar y con el que los resultados son más sencillos de conseguir.

Pero antes, ¿qué tipos de clientes complicados nos podemos encontrar?

Cliente “control total”

Quiere tener control total de su marca y del proyecto, aunque esto implique ponerte trabas a cada momento. Hay que saber jugar con todas las limitaciones que te marcan. Salirse del guión es casi imposible, ya que lo tienen todo atado y marcado y hay poco margen para la improvisación.

Normalmente suelen tener también total control del mail, esperando confirmación de recepción a todo lo enviado y llamando por teléfono si han pasado más de 15 minutos desde el envío del mail.

Cliente “yo de eso ya se”

Te contratan para un proyecto del que el cliente ya tiene experiencia y te lo hace saber, cuestionando casi todo lo que haces. Tienes que andar justificando todos los pasos dados y pelear cada decisión, ya que el sistema hace que todo se cuestione.

Cliente “1 vez al mes”

Este es frecuente. El perfil suele ser una persona que no se dedica a lo que está contratando y se lo han asignado. Y como tiene mil cosas que hacer, la comunicación se resume a 1 vez al mes. O 2. Pero tampoco mucho más.

Hay que ir tirando de él para conseguir lo necesario para el proyecto y normalmente al final le entran las prisas.

Cliente “yo no creo en eso”

Ya sea por un jefe, por una imposición o porque sí, este cliente está obligado a liderar el proyecto, pero no cree en el. No le interesa y tendrá poca implicación en el proyecto, pidiendo resultados desde el primer día y poco más.

Convencer de cada acción es complicado y siempre habrá que justificarlo todo con resultados, si no, no lo verá.

Cliente “vamos a hacer una prueba”

Sobre todo cuando a inversión en medios se trata, no confía demasiado y por ello te pide una prueba. Eso si, exige resultados como si fuese la inversión del año.

El cliente perfecto

  • Sabe lo que quiere y tiene confianza total en tu trabajo. No hay nada mejor que un cliente con las cosas claras y los objetivos bien definidos. Y sabe que a tu lado los conseguirá.
  • Te ayuda en todo lo que necesitas. Te enseña todo lo que necesitas saber de la empresa, sus productos, sus servicios, todo. Eres su agencia, si, pero vas a trabajar con su producto, por lo que se molesta en que lo conozcas. El es el primero involucrado en el proyecto y te lo hace saber.
  • Te conoce y no tiene que ponerte a prueba. Conoce tu trabajo y sabe lo que eres capaz de hacer. No tiene que ponerte pequeñas pruebas para terminar de confiar.
  • No cuestiona lo que propones o ejecutas. Te contrata porque eres el experto y no intenta cuestionar todo lo que haces. Te deja hacer (siempre con un margen) porque sabe que vais juntos de la mano en el proyecto. Y si le gusta salirse del guión, el combo puede ser fantástico.
  • Cumple los timings y los envíos. Está disponible siempre que lo necesitas, te envía todo lo que necesitas a tiempo y siempre que dice algo, lo cumple.
  • Le gustan las reuniones, pero solo para lo imprescindible. Una reunión al mes para reporting es más que suficiente y lo sabe. No quiere hacerte perder el tiempo con reuniones de status que se podrían solucionar telefónicamente.
  • Es exigente, duro, cercano o amable cuando debe serlo. No tiene un papel definido, sino que sabe cuándo debe ponerse más serio y cuando ser más cercano. No está todo el día con el látigo si no es necesario.

Y no olvidemos que, aunque ahora muchos de nosotros estamos en agencia, en algún momento pasaremos a ser clientes. Y estará en nuestra mano el facilitarles el trabajo a nuestros proveedores de servicio para no ser uno de esos clientes.