¿Hacemos conversaciones o nos hacen a nosotros?

Conversaciones, ¿dónde empiezan y dónde acaban?

Hoy mi post no pretende ser más que una reflexión sobre las conversaciones, eso que se viene diciendo desde hace tanto de que ‘Los mercados son conversaciones’ el primer punto del ‘The Cluetrain Manifiesto’ . Bastante tiempo después de esto leía en el blog de Gonzalo Martín un post que aludía a este tema y venía a cambiar una única palabra de la sentencia: los mercados: de conversaciones a ‘relaciones’.

En el manifiesto Cluetrain se venía afirmando ya en 1999, entre otras cosas, que las conversaciones están en todas partes, también dentro de las empresas y que fuera de ésta no tenían nada que ver con el propio discurso de la misma. Se hablaba de un tono inhumano, hueco y opaco. Me gustó especialmente aquello de que había que hacerse más liviano, lo cual implicaba bajarse del pedestal en el que habían estado siempre las marcas, un buen símil podría hacerse con ciertos profesores de la universidad, aquellos que nunca bajaban de su tarima y te hacían sentir como que había un segundo nivel: el tuyo y luego ‘el suyo’, y los profesores que bajaban, subían, andaban recorriendo la clase entera y se sentaban en una mesa junto a la tuya. Cerca de ti. Al mismo nivel.

Me gustó cómo se concretaba que no hacía falta, para esto, recurrir al humor fácil, o chistes, sino que hablamos de valores: humildad, honestidad y sinceridad. Me gusta pensar que el centro inevitablemente somos las personas, y además de verdad, y que las marcas todas, hoy, en 2013, ya lo saben.

Lo verdaderamente abrumador es descubrirte en medio de situaciones que te dan a entender, y con todas las letras, que esto no ha cambiado vertebralmente en todos estos años. Sí hemos dado pasos en adelante, efectivamente, -y menos mal-, pero ver el resto del camino por delante dice mucho de todo lo que nos queda para entender cosas muy básicas que, incluso entonces, hubo quien supo ver.

Se apelaba siempre a un trabajo detrás de la conversación. En ningún contexto una conversación vacía, o ‘de ascensor’ o similar, llega especialmente lejos. Aunque es cierto que, las conversaciones ‘de ascensor’, bien llevadas pueden ser una gran oportunidad como se sugiere y menciona en este post en Unbounce.

Entonces, ¿qué hace que se dé una conversación? ¿cuándo podemos darla por terminada? En mi opinión las conversaciones empiezan antes de empezar propiamente y abarcan incluso los silencios. Desde la vida offline al Social Media.

Hay que cuidar los silencios.

No los subestimes. Ni adelantes acontecimientos sobre su significado. Hay un extenso diccionario no escrito, como no podía ser de otra forma, de silencios aplicables a todas las situaciones que se te pasen por la cabeza. Como si nos fuera la vida en ello. Los espacios entre-líneas. Los signos de puntuación, también los hablados.

Física y química

En una palabra: carisma. Todos tenemos de esto. Unos más y otros menos. Pero este punto estriba en el autoconocimiento. Hay que conocer nuestros puntos fuertes y los que no hay manera de cogerlos por ninguna parte. Hay que mimar ese momento que goza de ese puntito de química que se da entre dos personas de manera absolutamente natural y saber ser rápidos, para aprovecharlo siempre, no dejar que se nos escape. Cuando hay un encuentro en el que una de las partes se muestra interesada sinceramente en la otra y le hace un guiño a algo que le importa de verdad a la otra parte.

Una conversación en ningún caso es prepararte tu parte y esperar tus turnos.

Hay que escuchar (pero de verdad) y apuntar partes de lo escuchado en lo que se replique. Esto es como un partido de tenis. Si te dedicas a tirar bolas siempre, por muy bien que lo hagas y no entras en el combate del debate de la pelota, de compartirla, de conectar con el otro, etc., el partido, en ningún caso y sin excepción será el mismo.

Hay que saber ser personas en todas partes.

Que no sólo seres humanos. Esto parece una tontería. Pero no. Hay que serlo. Da igual frente a quién nos encontremos, moldear en exceso lo que somos para adaptarlo no es en ningún caso una buena solución (depende del caso pero en general no da buenos resultados). No forzar (nada).

¿Solo? somos conversaciones

Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Y somos personas. Somos relaciones entre personas. Somos lo que construimos con los días, con lo que los demás nos aportan. Somos un montón de inquietudes, y sobre todo ilusiones que encuentran vías de expansión y desarrollo. Somos evolución. Tenemos ideales, sueños y problemas. También tenemos necesidades pero no siempre son materiales. Y cada vez menos somos ‘mercados’.

A lo mejor no siempre hay que ofrecer lo mismo, y contar con esto, a lo mejor hay que dedicarse a la relación per se, y ser pacientes, a estar ahí, a conseguir (a pulso) y con cariño del de verdad e interés sincero en el otro, hacerte un huequito en su cabeza.

Quizás no haya otra manera en el mundo en el que vivimos, saturados, y lo último que queremos es más de lo mismo. En un mundo en el que hasta el concepto ‘diferente se ha convertido en lo de siempre.

En un mundo en el que lo que verdaderamente se logra hacer diferente no es tan cool como había esperado toda la vida que fuera, sino que, por el contrario, ni se le reconoce ni se le entiende como se debería, porque lo diferente lleva siempre tiempo. Dediquémonos a trabajar con tiempo sobre unas bases muy sencillas, tal y como nos gustaría que fueran con nosotros.

No es tan complicado.