Yo no soy de fácil retuiteo,
¿y tú?

Si Neil Armstrong, comandante del ‘Apollo 11′, en julio del 69 no hubiera pisado la luna, dejando a un lado toda la controversia que este tema trae consigo, claro, o mejor, contando con ella, ¿qué habría pasado con la famosa foto de la huella de haber existido Twitter entonces? ¿Cuántos RTs habría tenido?

Si Neil Armstrong, comandante del ‘Apollo 11’, en julio del 69 no hubiera pisado la luna, dejando a un lado toda la controversia que este tema trae consigo, claro, o mejor, contando con ella, ¿qué habría pasado con la famosa foto de la huella de haber existido Twitter entonces? ¿Cuántos RTs habría tenido?

Yorokobu abría la veda con su post ‘El gatillo fácil de retuitear un bulo‘. Planteando cuestiones, con un caso real como ejemplo, tales como la veracidad de lo que se publica en Twitter o la pregunta sobre hasta dónde, y hasta dónde no, está contrastado cada tuit al que hacemos RT.

La cuestión es que todo esto da lugar a un montón de cuestiones más para la reflexión: Cómo de intoxicado de información o infoxicado es el mundo en que vivimos, con cuánto tiempo contamos en realidad para contrastar cada noticia con que nos topamos, la credibilidad de las fuentes que nos rodean en este canal (y en todos en realidad, pero ahora hablamos de Twitter). El peligro que entraña el escenario al que nos enfrentamos con cada respuesta a lo planteado anteriormente es otra de las preguntas, entre otras muchas, pero sobre todo sobre todo vamos a centrarnos en dos: ¿qué hace que hagamos RT de algo? ¿Qué convierte a éste en el tuit más retuiteado de la historia?

¿Por qué la teoría no se refleja el 100% de las veces en la práctica? Esto es, por qué un tuit que se presume y presupone un tuit que lo tiene todo para ser retuiteado no una sino mil veces, no lo es? ¿Es la misma fórmula de la viralidad en general?

¿Qué es lo que nos mueve a compartir o retuitear un contenido?

Lo primero que se puede decir al respecto de reglas es que no las hay para esto. No existe la fórmula mágica y reformulable millones de veces sin perder ese ‘lo que sea’ que la convierte en ‘eso’ que por alguna extraña (o no tan extraña) razón lo vuelve tan irresistiblemente retuiteable. No se puede caer en esto o las expectativas también caerán. Este tipo de fórmula no es como en las matemáticas. Aquí sí se puede fallar. Y eso complica las cosas. Es como lo que sería una fase bastante más avanzada de un videojuego. Lo segundo, y para tranquilidad de muchos, es que sí hay factores. Y ciertamente importantes y estos yo los agruparía de la siguiente manera:

  • El momento y el lugar. Tiene que ser el momento indicado en el lugar adecuado y la persona correcta. Esto no es fácil. Pero se puede lograr. Aunque muchas veces no dependa de nosotros 100% sino que también influya el contexto y muchas más cosas aparentemente periféricas que, en esas, nos damos de bruces con la realidad de que no eran tan periféricas. Y que nosotros no lo somos todo. A veces lo más importante es llegar los primeros y a veces los últimos, lo importante es saber identificar cuándo y cómo.
  • El factor humano. El contenido en cuestión debes ser algo más que afín a nosotros. Nos tiene que mover algo por dentro. Tocarnos la fibra, lo que sea. Pero ir más allá de la pantalla. Y de los ojos. Explotémoslo. La sensación de indignación, la indiferencia, la felicidad sin saber por qué, ese ‘botón’ que se puede aprender a presionar de manera tal, que cuando llegue el momento, de lado a lado de la pantalla generemos sonrisas de las duraderas y genuinamente virales. Hablando de viralidad. Las emociones. Claro. Es algo de lo que todos hablamos y muchas veces no tenemos en cuenta. Y es que en poco espacio, menos aún en Twitter con sus 140 caracteres, que en Facebook, se puede conseguir llegar y llegar de verdad al otro.
  • La redacción y el tono. La creatividad es clave. La manera en que lo contamos me atrevería a afirmar que es el 80% de lo que decimos. Podemos decir algo muy bien dicho y nuestro mensaje tener todas las connotaciones menos buenas que queramos, que no vamos a fallar. Sorprender es lo principal, llamar la atención, el ‘outside the box’ que tanto nos gusta a algunos, ir más allá siempre para que nos lean. Para que nos compartan o retuiteen ya… es un paso más en el videojuego, que comentábamos antes.
  • Lo audiovisual mueve molinos. Y siempre lo hizo. Foto, vídeo, canción, lo que sea. Este tipo de contenido hace mucho. Es lo que puede hacernos dar un giro de 180º, independientemente del resto del mundo. Una foto bien hecha, con la luz perfecta, o desde el ángulo menos estudiado de la historia puede hacer auténticos estragos. Pero para bien.

Visto todo esto, tal vez cabría una reflexión sobre un esfuerzo en pro de fomentar el pensamiento crítico y el escepticismo, como mecanismo para terminar con aquello de #yosoydefácilretuiteo o en su caso, compartir en Facebook. Y es que directamente hay quien no lee y lo hace: hay estudios sobre el tema, a este post de Hubspot de hace algún tiempo me remito: ‘No hay una correlación entre clicks y RTs: siempre es superior el número de RTs con respecto al de los clicks’.

Acaso, ¿la falta de tiempo nos convierte en zombies? ¿Es postureo o inconciencia? ¿Cuánto daño puede hacer esta práctica a nuestra marca personal? Evitémosla porque ni tiene sentido asociarnos y, de alguna manera, recomendar un contenido que ni siquiera hemos leído ni lo haríamos en ningún otro contexto bajo ningún concepto, ¿por qué en redes sociales sí hemos de hacerlo?

Imagen | Luna