‘Sé un imán, no un espejo’

No tengo ni idea de qué te voy a contar, me he quedado en blanco, en el más absoluto y auténtico blanco-sábana. La ausencia de color más desgarradora de la historia. De la mía, al menos. Y eso que tenía en mente y súper claro el tema del que quería hablar. Vaya cabeza tengo… Y he terminado llegando hasta aquí para escribir todo lo que se me pasa por la cabeza tal cual, sin filtros. Muy bien, esto parece que va mejorando mucho…

La verdad es que, afortunadamente, estoy hablando por hablar pero apuesto a que, de alguna manera, he conseguido conectar contigo. Y ese era el único objetivo de empezar así.

Personalmente, soy #muyfan del concepto que da título a mi post. #Yotambiénquieroserunimán. Y si tuviera que arriesgar un poquito, diría que todos seríamos muy felices de serlo. Lo que está claro es que, en esta vida, y en social media también, hay que ser memorables y si no mutamos en imanes: difícil. Los espejos pueden servirnos para un tiempo (corto) pero los resultados no suelen ser sostenibles a la larga.

El concepto del que hablo y que da título a mi post es de Claudine Cheever, Chief Strategy Officer, Chief Transformation Officer en Saatchi & Saatchi New York, lo podemos ver en este vídeo que tiene ya algún tiempo.

Ofrece un discurso brillante, a mi juicio, acerca del storytelling en particular, y la magia en general del arte y del momento exacto en el que la buena creatividad ve la luz. Es para extraer y reflexionar su afirmación sobre qué decir o cuánto: aunque lo sepas todo, no lo cuentes todo, hay que ‘dejar con ganas de saber más siempre’, una clave aplicable a muchas partes de la vida.

No hay reglas escritas para ser un imán pero vamos a por las no escritas

  1. Las historias beben de insights. Hay que saber y ser ágil en el arte del buen cortejo. Como en todo, exige un proceso previo de investigación, documentación y un montón de escucha, observación, lenguaje no verbal y empatía. La parte de la escucha es clave. Hay que escuchar qué se respira y comenta on y offline. Ser un absoluto cotilla (sin necesidad de entrar a juzgar a nadie, claro), pero sí absorberlo todo, como una esponja. Y sacarle historias, punta y lo que haga falta.

  2. Haz tuyo lo que quiera que sea que cuentes. Para ser un storyteller natural, de serie, de los que lo llevan dentro: ¡no hay que hacer nada! Bueno, al menos en la mayoría de los casos. Con que en tu vida personal tengas un ápice de comunicativo, basta. El storytelling lo vivimos en nuestra vida cotidiana. Cuando te pasas horas deseando contarle algo que te ha pasado a alguien y luego, por fin, llega el momento, lo tienes en frente y comienzas tu speech, sincero, en primera persona, viviéndolo, probablemente conoces a todas las personas de las que hablas, los escenarios, los detalles, etc. será una experiencia que te es familiar y cercana, con lo que puedes hablar de ella como tuya. De eso va al final todo esto. De hacerlo siempre.

  3. Sutileza y naturalidad. Poquito a poco se gana mucho más y mejor. Siendo nosotros mismos llegaremos siempre más lejos, mostrándonos tal y como somos, con lo bueno y lo malo, no significa exponernos de más. Al contrario, es siempre llegar al otro. Que nos perciba como somos. No puedes pretender a la primera tener en el bote a nadie. Hasta al menos exigente hay que ganárselo. Y para ganarte a alguien hay que dar sin esperar. Y luego, dar más. Apostar en definitiva.

  4. Las reglas están para romperlas. No empieces por el principio siempre. Olvídate de la intro, el nudo y el desenlace. Dales la vuelta y hazles un lazo. Invéntate finales que comienzan historias, principios demasiado vagos como para serlo y terminan cambiándose a finales, nudos que se enredan y pasan de ser lo que les ha tocado y quieren tirar la toalla y dejarlo todo, y ser finales, o sencillamente abrir la historia. Eso sí, empieces como empieces, hazlo pisando fuerte. Nunca dejes indiferente. Y termines como termines, que siempre quieran más y esperen con ganas la segunda parte.

  5. No es lo mismo dirigirte a unos que a otros. Esto es prioritario. Definamos nuestra audiencia y pongamos el foco. No se conquista igual a todo el mundo. Despleguemos (no) todas nuestras armas de seducción, sino las mejores y más adecuadas al momento y a nuestro objeto de deseo. Estudiémoslo bien para saber cómo lanzarnos. Lancémonos a por todas.

  6. Proyéctate en positivo y no tengas miedo a la reacción. Piénsalo antes, ensáyalo y adelante. Nunca va a coincidir, ni por asomo, la reacción real con la esperada.

  7. Aprende de los buenos. Pixar tiene reglas muy interesantes, pero se pueden extraer reglas de lecturas, charlas, vídeos, canciones, momentos, etc. Hay gente muy buena que ni siquiera sabe que lo es y que te da una lección de storytelling en tu vida personal. Todos tenemos alguno de estos y son valiosísimos. Aprovechémoslo.

Esto por supuesto son pinceladas a las que se le podrían añadir otras tantas, darles la vuelta que queráis, y estaría encantada de hacerlo, soy toda oídos :)